Se denomina a la forma en la que se
hipoteca la casa para obtener liquidez. Es decir, estamos hablando de formalizar un nuevo préstamo hipotecario sobre una vivienda ya pagada o, en su defecto, ampliar el capital de una
hipoteca existente como fórmula para financiarse a un coste más bajo que con un préstamo personal.
Para quien todavía se pregunte por qué querría alguien hipotecar de nuevo su vivienda con lo que cuesta pagarla la respuesta es sencilla. Más allá de las necesidades de dinero, lo cierto es que las
hipotecas son los préstamos que mejores condiciones ofrecen del mercado. Por eso, antes de solicitar un préstamo personal muchas familias prefieren explorar esta posibilidad, determinando si será o no rentable hacer una nueva
hipoteca. Y es que los gastos de constitución de un préstamo personal nada tienen que ver con los de una
hipoteca.
Lo que nunca debemos perder de vista a la hora de firmar un préstamo a la piedra es que volveremos a estar poniendo nuestra casa en juego, y que, en caso de impago habremos de atenernos a una posible ejecución hipotecaria.