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Historia de las joyas en Roma, la Edad Media y el Renacimiento

Como en muchas otras disciplinas, la historia de las joyas es extensa ya que abarca diferentes usos según la cultura a la que estén adscritos. Algunas de ellas han llegado hasta nuestros días suministrando conocimientos sobre la formas de cultura y civilización de sus pueblos.

En este artículo abarcaremos la historia del mundo de las joyas comprendido entre Roma y el Renacimiento, ambos inclusive, pasando por la Edad Media

Roma

Antiguamente, sobre todo entre las tribus bárbaras como los celtas, la joyería era abundantemente diversa. Pero la joyería cambió desarrollándose sólo los diseños romanos cuando los Romanos conquistaron la mayor parte de Europa. El broche, utilizado para asegurar la colocación de la ropa, fue una pieza muy común dentro de la joyería romana. Respecto a los materiales, los romanos utilizaron un amplio rango puesto que disponían de recursos abundantes dentro del continente. Les gustaba mucho el oro, aunque también usaron hueso o bronce e incluso, en épocas anteriores, perlas y cuentas de cristal. Durante su imperio importaron diamantes indios y zafiros de Sri Lanka, utilizaron ámbar y esmeraldas.

En la Inglaterra que dominaban los romanos, se trabajó con azabache (madera fosilizada) obtenida del norte del país que después esculpían para incorporarlas a piezas de joyería. En la parte italiana, trabajaban el oro en su estado natural y creaban collares, cierres, brazaletes y pendientes. También fabricaron colgantes que se podían rellenar de perfume.

Habitualmente, el fin último de la joyería Romana era protegerse del mal de ojo, igual que hicieron los griegos. Las mujeres portaban una gran colección de joyas, mientras que los hombres, más discretos, utilizaban habitualmente un anillo, si bien es cierto que algunos lucían uno en cada dedo y otros no llevaban ninguno. El tipo de anillo más habitual llevaba una gema esculpida en relieve, con el signo o nombre o del propietario, que se utilizaba para sellar documentos con cera, algo que continuó en tiempos medievales con la nobleza y los reyes. Los diseños romanos fueron absorbidos por los y tribus países vecinos después de la caída del Imperio Romano,

Edad Media

Europa continuó desarrollando la elaboración de joyas tras la caída del Imperio Romano. Los celtas y los merovingios destacaron especialmente entre los diferentes pueblos que igualaron e incluso superaron a los bizantinos en cuanto a calidad. Las piezas de joyería más comunes eran los amuletos y las Fíbulas, y en menor medida, los anillos signatarios.

El broche Tara Brooch es un ejemplo llamativo de pieza celta. El torque fue otro tipo de pieza usado habitualmente en Europa utilizado como símbolo de poder y estatus. Las armas se adornaban como joyas en el s. VIII y el resto de piezas de joyería (excepto los anillos signatarios), eran ya dominio de las mujeres. En este sentido son ilustrativos los ajuares funerarios del s. VI-VII encontrados cerca de Chalon-sur-Saône. En enterramiento de una joven que incluía: un collar de monedas, dos fíbulas de plata, pendientes de oro, un brazalete, un peine, un par de horquillas y una hebilla.

El arte celta se especializó en diseños con patrones continuos, al contrario de los diseños merovingios más conocidos por sus estilizadas figuras de animales. Los visigodos y los anglosajones también han sido conocidos por la alta calidad de su trabajo. Se han encontrado numerosos objetos decorativos en los barcos funerarios en Sutton Hoo Suffolk, Inglaterra. Por su parte, ya en el continente, los granates y la técnica del cloisonné fueron la quintaesencia de este periodo.

El Imperio Bizantino, como sucesor del Imperio Romano, continuó con muchas de las características romanas, aunque se hicieron predominantes los temas religiosos entre los bizantinos. Junto con los francos y los celtas, y a diferencia de los romanos, prefirieron utilizar el pan de oro en lugar del oro macizo poniendo más énfasis en las gemas y piedras. La joyería bizantina fue utilizada por mujeres adineradas, como sus predecesores, mientras que la masculina se limitó a los anillos signatarios. Las joyas eran enterradas con sus propietarios, como en otras culturas contemporáneas.

Renacimiento

El Renacimiento y toda la época de los descubrimientos fueron un fuerte impacto para el desarrollo de la joyería en Europa. El auge del comercio y los nuevos descubrimientos llevaron a incrementar en el siglo XVII tanto la disponibilidad como el tipo de materiales con los que trabajar la joyeria, así como la exposición a las tendencias artísticas de otras culturas. En este periodo se incrementó la dominación del trabajo con piedras preciosas y cómo engastarlas en contraste con la época anterior donde la prioridad era el trabajo del oro y de otros metales preciosos. El uso de grandes piedras fue muy extendido. Jean-Baptiste Tavernier fue notable entre los comerciantes del periodo porque trajo a Francia en 1660 la piedra precursora del Diamante Hope.

Cuando en 1804 se coronó a Napoleón Bonaparte como Emperador de Francia, se revivió la grandeza y el estilo de la joyería en Francia. Durante el reinado napoleónico, los joyeros introdujeron el «aderezo», un juego armonioso de varias piezas: pendientes, la tiara, broche, anillo, collar y pulseras. Las viudas de Napoleón disfrutaron de bonitos conjuntos de diamantes que llevaron con regularidad.

Otra moda procedente de esta época fueron los camafeos. Este tipo de pieza fue muy solicitada después de elaborar uno con la efigie de Napoleón coronado. Los comienzos de la bisutería son de este periodo, con camafeos de conchas en vez de con piedras semipreciosas o escamas de pez recubiertas de vidrio en lugar de perlas. La aparición de este tipo de piezas propicio el surgimiento de nuevos términos para apreciar distintos tipos de joyería: los artesanos que trabajaban con materiales valiosos y caros fueron llamados «joyeros» mientras que los que lo hacían con materiales baratos fueron llamados «bisuteros», una terminiología que continúa hasta nuestros días.

 

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