El mal agudo de montaña (MAM), llamado coloquialmente mal de montaña, mal de altura, soroche o apunamiento, es la falta de adaptación del organismo a la hipoxia (trastorno en el cual el cuerpo se ve privado del suministro adecuado de oxígeno) de la altitud. La gravedad del trastorno está en relación directa con la velocidad de ascenso y la altitud alcanzada.
Las bolsas han rebotado en apenas dos meses de subidas ininterrumpidas en torno al 40% desde los mínimos que vimos a principios de marzo. Y lo han hecho a una velocidad de vértigo, obviando la delicada situación en la que nos encontramos y apoyándose en argumentos de carácter psicológico, dibujando una subida en los gráficos tan vertical que provoca “mal de altura financiera”. Si bién es cierto que la caída que acumulaban los índices de todo el mundo había sido brutal, consecuencia lógica del estallido de una burbuja crediticia, y donde se perdió en meses las ganancias acumuladas en lustros terminando con el mito de que en bolsa a largo plazo siempre se gana, no debemos perder de vista cómo se ha originado el vertiginoso rally del que hemos sido testigos.
Si recuerdan, a principios de marzo la situación económica era de total desconfianza en el sector bancario y de aceleración en el deterioro de los datos de actividad económica que íbamos conociendo. Esto tenía un claro reflejo en la deprimida cotización de las bolsas y en la erosión de los mercados de crédito. Fue en ese momento cuando algunos de los principales bancos americanos comenzaron a lanzar mensajes diciendo que entraban en beneficios en el primer trimestre del año después de más de doce meses de caídas en aquéllos. A todo esto se añadió el anuncio de nuevos paquetes de ayuda económica por parte de los distintos gobiernos, pero principalmente de Estados Unidos, Japón y China. Si tenemos en cuenta el estado de excesivo pesimismo en el que se encontraban sumidos los agentes económicos, y la burbuja de posiciones cortas (vendidas) existentes en numerosos títulos bancarios por parte de Hedge Funds principalmente, se produjo lo inevitable: cierre masivo de cortos y los índices volando ante el renovado apetito por el riesgo.
Llegado a este punto, y con los selectivos ya en positivo en el año, llega el momento de replantearse la situación actual. Si en marzo no estábamos presenciando el fin del mundo, pero lo que hacían los gestores era vender desordenadamente, ahora nos hemos ido al otro extremo, y no sólo descontamos que hemos vencido al Apocalipsis sino que estamos ante un nuevo amanecer de las amapolas. Y tampoco es acertado. Una vez conocidos los resultados de los stress tests tenemos que confirmar que hemos visto un punto de inflexión en la dura recesión económica en la que estamos metidos. Lo único positivo de todo esto (y ya es bastante) es que hemos evitado un riesgo de colapso financiero sistémico de consecuencias inimaginables. De ahí a pensar que vamos a volver a la estructura de producción económica de los pasados años hay un abismo. Muy probablemente asistiremos a unos años de crecimientos productivos anémicos, donde se sentirán los efectos de todas las medidas que las autoridades están utilizando hasta el momento. Ya lidiaremos con esa guerra en su momento, pero lo importante ahora es evitar el hundimiento del barco, y parece que al menos eso está conseguido.
Respecto a la evolución de los mercados financieros, éstos deberían en algún momento consolidar niveles dibujando una coyuntura económica más plausible, para después moverse en un rango lateral más o menos amplio, pero alejado de los mínimos de marzo.
Mientras esto ocurre, no olviden que del pánico a la euforia hay un pequeño paso y viceversa. Es importante (y muy difícil) mantener la calma y no dejarse llevar por las emociones en un momento tan complicado como el actual. Pero paciencia y prudencia deben ser nuestras principales armas en estos tiempos tan convulsos. Les remito al artículo que escribí hace tiempo, y que creo es de bastante ayuda: PERCEPTION-REALITY GAP
GERÓNIMO
“¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero! ¡Pero cuestan tanto!” Groucho Marx. |
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