Y es que el estudio de Fisher se ajusta perfectamente al momento actual, en el que el masivo endeudamiento familiar, empresarial y estatal, amenaza con comerse el crecimiento económico de los próximos lustros, con el serio riesgo de caer en una peligrosa espiral deflacionista.
El estudio teórico de Fisher se compone de tres partes principales. En la primera nos habla de los ciclos económicos en general. De cómo el sistema económico está compuesto por innumerables variables, productos y servicios en general, y de cómo las dos grandes fuerzas de oferta y demanda se contraponen intentando equilibrar la economía, y cuando se producen desequilibrios se propician los ciclos económicos.
La economía nunca está en equilibrio por la propia naturaleza del ser humano, lo que produce numerosos mini-desequilibrios de sobre/infra producción/consumo. Pero Fisher identifica a los dos grandes malos de la película que realmente propician los periodos de boom económico y las depresiones: el sobreendeudamiento y las alteraciones de los precios.
Y en este punto comienza la parte que más nos puede ayudar a colocarnos en nuestra crisis actual: el papel de la deuda y de la deflación.
El equilibrio general de la economía es alterado por el sobreendeudamiento, que termina afectando al nivel de precios. Este exceso de endeudamiento terminará dirigiéndose a la liquidación (de la deuda), bien por un estado de alarma del deudor, del acreedor o de ambos. Llegados a este punto se desata una cadena de acontecimientos por riguroso orden:
1. Liquidación masiva de deuda que lleva a precios de venta distress (de saldo).
2. Contracción de los depósitos y del dinero en circulación.
3. Caída del nivel de precios.
4. Disminución del valor de las empresas, causando numerosas quiebras.
5. Abrupta reducción de los beneficios corporativos.
6. Contracción de la producción, del comercio e incremento del desempleo.
7. La acumulación de los anteriores factores generan pesimismo y pérdida de confianza entre los agentes económicos.
8. Sigue una brusca disminución de la velocidad de circulación del dinero.
9. Y por último se produce una alteración de los tipos de interés, con el tipo nominal (o del dinero) cayendo, y el tipo real (ajustado por inflación) subiendo. Lo que evidentemente nos deja en un escenario deflacionista.
Mr. Fisher, por último, hace referencia a la Gran Depresión del 29 como ejemplo perfecto de su teoría de Deuda-Deflación. Y expone dos medidas como gran remedio contra las depresiones económicas: la reflación y la estabilización. ¿Cómo? Reflacionando los precios al nivel que estaban cuando se contrajeron las deudas y manteniéndolos estables a ese nivel.
No me digan que no les suena la historia y vamos siguiendo escrupulosamente todos los pasos. El único “problema” que tenemos y que no menciona Fisher en su teoría es que estamos en manos de políticos, que van a decidir las medidas que se deben tomar pensando única y exclusivamente en los votos y con un cortísimo horizonte temporal en mente, solamente de una legislatura. Así vamos mal.
GERÓNIMO
“Kill all my demons and my angels might die too.”
Tennessee Williams.