El gran peligro de que el gobierno de turno decida rebajar el déficit fiscal disminuyendo el gasto público, recortando salarios, y sobre todo incrementando impuestos, es la drástica reducción de la renta personal disponible, con inmediato efecto en el consumo y en la reducción del volumen total de impuestos recolectados por el Estado, lo que convierte la situación en una espiral deflacionista (de deudas e ingresos) que se irá agravando irremediablemente.
Recuerden la paradoja de Fisher que comentaba ayer: en deflación, el deudor cuanto más intenta pagar sus deudas, más endeudado está.
Tengan en cuenta que este hecho es especialmente crítico en países como España, Reino Unido o la Eurozona en su conjunto, en los que el ratio deuda privada/renta es realmente alto.
El principio que debe subyacer y que debe tener bien presente el Estado antes de meter la pata, es que el sector doméstico privado y el gobierno no se pueden desendeudar al mismo tiempo, pues nos empuja directamente al peor de los escenarios: la deflación.
Ahora mismo los gobiernos tienen que buscar qué países tienen superávit comercial (exportan más que importan), y superávit presupuestario para intentar “colocarles” la montaña de deuda que necesitan para financiar su salida de la crisis. Y mientras tanto emprender las reformas del modelo productivo que sean necesarias (que no es restaurar fachadas) para volver a la senda del crecimiento económico y convertirse en una economía competitiva. Aunque a corto plazo sea socialmente costoso. Y si no, recen porque haya vida en Marte.
¿Se puede hacer algo para luchar contra la deflación? Como para casi todo, siempre hay soluciones. En este caso tenemos dos opciones: mantener la política fiscal expansiva, reduciendo impuestos e incrementando el gasto público productivo (i+d+i, infraestructura de telecomunicaciones...); y facilitar el acceso al crédito barato (dinero fácil) a empresas y familias.
El principal problema es que el gasto público hay que financiarlo emitiendo deuda y saliendo al mercado de capitales a captar dinero, y la mayoría de los países se encuentran en la misma situación, con lo que la pregunta es clara: ante la avalancha de deuda pública que se cierne sobre los mercados de capitales ¿quién va a financiar a quién?
Buen fin de semana.
GERÓNIMO
“The more the debtors pay, the more they owe.”
Paradoja de Fisher.