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Richard Koo: una visión personal del déficit

25/03/2010 11:57:11
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Richard Koo es el economista jefe de Nomura. Y tras las crecientes preocupaciones sobre los déficits fiscales, centrados en la actualidad en Grecia, nos aporta su visión sobre el tema. Y subraya que, fuera de los periodos de guerra, no hay un precedente en el que tantos países (Grecia, USA, España, UK, Japón) se encuentren con un déficit superior al 10% del PIB.

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Y precisamente lo negativamente novedoso de la situación ha hecho que se dispare el miedo entre los operadores de los mercados financieros, y está metiendo presión a los países para que reduzcan su déficit a toda costa.
De hecho Grecia es el primer país que está realmente en el disparadero y ya se ha apresurado a implementar medidas para rebajar el déficit fiscal. El resto está a la cola.

Hace unas semanas parecía claro que la Unión Europea iba a salvar a Grecia, pero en los últimos días ha aparecido la Canciller alemana, Angela Merkel, exponiendo que no es realista que Alemania ayude a Grecia (se nota claramente que en unos meses tenemos elecciones generales alemanas y que los votantes “paguen” el rescate griego es tremendamente impopular). Con lo que la Unión Europea ha abierto las puertas de par en par al FMI, poniendo en entredicho la fortaleza de la región para funcionar como un solo ente. De hecho Grecia es un Gobierno regional de la Eurozona, y sería la primera vez que el FMI ayudase a una “región”. Es como si enviase un paquete de ayuda para rescatar a California, en vez de hacerlo Washington.

¿Pero son los déficits fiscales tan malos?
El BCE está urgiendo a los países de la zona a rebajar los déficits fiscales (recuerden que el objetivo de déficit fiscal marcado por el Tratado de Maastricht –firmado por los países miembros de la Unión Europea en diciembre de 1991- es del 3% del PIB y hablamos de países que superan actualmente el 10%).
Y las agencias de rating (Standard & Poor´s, Moody´s, o Fitch) están avisando/realizando sobre posibles rebajas de crédito a los países que tienen grandes déficits, con el consiguiente encarecimiento de su deuda.

Esta preocupación fiscal creciente en Estados Unidos y Europa, es la misma que afloró en Japón hace más de diez años. Y la raíz de la preocupación radica en el convencimiento de que todos los déficits fiscales son malos y de que hay que erradicarlos a toda costa. En Japón en la década de los 90, el Ministro japonés de Finanzas alertó al Gobierno ante el enorme déficit al que estaba sometiendo a la economía japonesa, avisando de que si la situación no se revertía, la quiebra de Japón era inevitable. Las agencias occidentales de calificación crediticia rebajaron apresuradamente el rating de la deuda japonesa, hasta el punto de que países como Bostwana tenían mayor calidad crediticia que Japón.
Pero 15 años después, el apocalíptico escenario descrito por el antiguo Ministro de Finanzas japonés no ha sucedido, y eso que Japón en este periodo ha doblado su ya de por sí alto nivel de endeudamiento de entonces.

La principal razón detrás de la creencia de que los déficits fiscales son muy malos, es la incapacidad del sector público de gastar de manera eficiente, como lo hace el sector privado. De acuerdo con esta visión, que el Gobierno desperdicie los limitados ahorros privados en déficit presupuestario, es una asignación de recursos para la economía muy poco eficiente, con lo que deprime la tasa de crecimiento del país.
Pero, y dándole un giro al anterior argumento, si resulta que el Gobierno de turno es mejor gastando y asignando recursos a la economía que el sector privado, la riqueza nacional crecerá y la calidad de vida mejorará. En este escenario sin duda es mejor que el gobierno suba los impuestos y sea él quién gestione el gasto.

En el corazón del debate actual sobre cómo salir de la crisis de deuda pública, está la seguridad de que el gasto público es siempre menos eficiente que el privado. Pero esta teoría sólo es válida en determinadas circunstancias, pero no cuando estamos hablando de una crisis producida por el pinchazo de una burbuja de crédito.
Las decisiones de inversión privada en el proceso de formación de una burbuja son claramente irracionales, y una vez que se produce el pinchazo de la burbuja, desaparece el sector privado de la economía por completo. Ni presta ni pide prestado, sólo se centra en desendeudarse (como ahora).
Y es en estos momentos cuando el estímulo fiscal se antoja necesario e imprescindible, ya que es el único modo de frenar la espiral depresiva en la que ha entrado la economía.

Por lo que en momentos tan excepcionales como el actual, en el que no estamos hablando de una recesión económica vulgar, la única fuerza que va a estimular la economía es la pública, que va a asignar recursos eficientemente. Es entonces cuando lo déficits fiscales dejan a un lado su papel habitual de malo de la película para convertirse en el actor principal.


GERÓNIMO

“The more the debtors pay, the more they owe.”
Paradoja de Fisher

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