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La Gran Reflación

04/05/2010 13:27:35
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“Mientras suene la música, tienes que levantarte y bailar. Nosotros todavía estamos bailando”. Estas famosas palabras las pronunció el antiguo Presidente de Citigroup en julio de 2007. Poco tiempo después la música dejo de sonar y el sistema financiero saltó por los aires.

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El experimentado y reputado Tony Boeckh ha escrito un brillante libro llamado “La Gran Reflación” en el que nos señala los flujos monetarios como principal variable  que dirige los ciclos económicos. Y cuando estos flujos son exagerados, producen inevitables burbujas de activos.

Y es a colación de la burbuja de crédito que nos acaba de explotar en la cara , que Boeckh nos avisa de que las gigantescas medidas de liquidez inyectadas en el sistema financiero tendrán consecuencias antes o después. Estas medidas sin precedentes han posibilitado que la música suene de nuevo, y que los inversores y los bancos salten a la pista de baile. Pero tengan clara una cosa: que el sistema haya sido salvado no significa que se haya arreglado.

Desde finales de los 60 y hasta 1982 vivimos una época de inflación descontrolada. Y a partir de 1982 iniciamos un periodo conocido como “la Gran Moderación”. En este periodo hemos tenido mini-crisis que han concluido en la Gran Recesión de 2008. Y la necesidad de salvar al sistema financiero de la quiebra más absoluta, ha empujado a las autoridades globales a inundar la economía de liquidez, provocando que el periodo en el que estamos de inflación crediticia continúe su periplo. El colapso de la deuda privada está siendo tapado por un volumen de deuda pública del mismo tamaño. Las autoridades monetarias están reflotando el sistema en una escala al menos igual a la burbuja que acaba de explotar. Y lo que es claro es que estamos ante un experimento que nunca se ha intentado antes, y cuyas consecuencias son imposibles de anticipar. Aunque lo que sí sabemos es que cuando se crea dinero, éste va a alguna parte y tendrá consecuencias en forma de inestabilidad y volatilidad del sistema financiero.

Este gran esfuerzo realizado para reflacionar la economía ha tenido éxito de momento, pero es muy artificial. Está basado en dinero gratis y en medidas fiscales sin precedentes que están enviando los ratios de endeudamiento públicos a la estratosfera. Esta reflación de activos sugiere formación de burbujas en el corto plazo (oro, materiales y bolsas). Y una advertencia en este sentido, esta vez el periodo inflacionista no durará mucho tiempo debido al estado de endeudamiento público y privado. Y en el estado de debilidad económica mundial en el que estamos, la economía global no soportará un repunte de los alimentos y de la energía, algo inevitable si continúa la inflación monetaria.

Este coche sin frenos en que se ha convertido la reflación de la economía, va directo a un muro de ladrillos si no se pone remedio. Y la lógica nos señala que si esta crisis tan tremenda la ha producido una excesiva inflación del crédito, más o mucho más de lo mismo debería causar una crisis aún mayor.

La inflación es el mayor enemigo de los inversores en el largo plazo. Sin embargo produce un efecto maravilloso en el corto, ya que se los activos tipo bonos corporativos, acciones y materias primas ven como sus valoraciones se incrementan rápidamente. Y llega el punto extremo en el que los Bancos Centrales se ven obligados a subir tipos para combatir la inflación y esto nos deja a familias muy endeudadas, que ven aumentadas las cuotas que deben pagar regularmente, y que sufren la caída de los activos que poseen, hasta que no pueden continuar pagando. Entonces surge el pánico y el abismo de la depresión económica se acerca más que nunca.

Demasiada deuda y caída de precios causó la Gran Depresión de 1929, y es lo que de momento hemos evitado en 2008. Ahora estamos en el momento en que las autoridades políticas deben decidir qué hacer, si continuar inflacionando la economía para sujetar lo que el sector privado no puede hacer, o si por el contrario, endurecer la política fiscal para no golpear el muro como Grecia.
Lo primero tendría consecuencias impredecibles (y desastrosas) en el medio plazo. Lo segundo es más correcto, pero tiene un precio político elevado, y es que el coste social es grande (subida de impuestos, congelación/bajada de salarios, reforma laboral). Estamos en año de elecciones en Estados Unidos y Alemania. ¿Se atreverán a no ser populistas?

 

GERÓNIMO

“The more the debtors pay, the more they owe.”
Paradoja de Fisher.

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