La incapacidad de los gobiernos de financiar la inmensa carga de deuda que soportan y soportarán, las fuerzas deflacionistas liderarán en última instancia el tren hacia la hiperinflación. Y este proceso se llevará a cabo en varias etapas.
En la primera etapa, la economía entra en recesión tras el pinchazo de una burbuja de crédito. La recesión y la ausencia de crédito empujan la economía a la deflación. Piensen en 2008.
Aquí entran políticos y banqueros centrales para intentar solucionar el terrible desaguisado. Y comienzan a estimular la economía bajando los tipos de intervención y disparando el gasto público. El oro se convierte en refugio.
La economía asimila este empujón y los mercados financieros comienzan a cotizar la recuperación económica (2009).
Y ahora viene justo el momento en que nos encontramos. Los mercados empiezan a percibir que la carga de deuda europea es demasiado grande, y que sus economías están luchando como pueden para reducirla, a costa del crecimiento económico claro. Y comienzan a cotizar la posibilidad de que se produzca un impago de deuda en alguno de los países más afectados (Grecia y Portugal principalmente). Y el mayor reflejo de inestabilidad se puede apreciar en el castigo que está recibiendo el euro.
Mientras al otro lado del Atlántico Estados Unidos observa como su deuda se convierte en refugio ante las dudas que emanan de Europa, lo que le da cancha para intentar un nuevo estímulo económico, y aprovecharse de que los mercados están demasiado distraídos en otras partes del globo como para preocuparse por el desmesurado tamaño del déficit norteamericano.
La siguiente etapa es pasar de la generación de una escasa inflación al estallido de una severa apreciación de los precios. La inflación se acelera debido a una pérdida de confianza en monedas y gobiernos. Una recuperación económica fallida lleva a los agentes económicos a darse cuenta de que la enorme deuda generará un impago en algún momento, o se verá incrementada de algún modo. Este hecho empujará al alza a los precios de las materias primas otra vez.
Finalmente la inflación se desata cuando comience a escasear la oferta de productos, ya que se endurecerán las condiciones crediticia y la producción se resentirá, provocando una sobredemanda que se verá reflejada en el incremento de los precios de las materias primas, y sobre todo de los alimentos.
GERÓNIMO
“El inversor inteligente es aquel que compra al pesimista y vende al optimista.”
Benjamin Graham.