Asia ha tenido el privilegio de pasar por la peor crisis económica de los últimos 80 años con bastante solvencia. Así mientras las economías occidentales se han enfrentado a una durísima recesión, los países asiáticos encabezados por China simplemente han sufrido una desaceleración económica.
La crisis asiática del 97 ha dejado enseñanzas para los países de la zona que han aprendido muy bien la lección. En aquella crisis se puso de manifiesto la vulnerabilidad asiática ha las vicisitudes del capital internacional. Sin apenas reservas internacionales, sobreexpuestas a la deuda externa de corto plazo y con una colección de divisas que no flotaban libremente, las economías asiáticas poco pudieron hacer cuando el dinero internacional comenzó a huir. Primero cayó Tailandia, y poco después la siguieron Indonesia, Corea del Sur, Taiwan...
Pero en contraste para Asia, esta crisis que comenzó en 2008 se debe a un shock de demanda externa. La caída sin precedentes de un 11,8% del volumen del comercio mundial en 2009, golpeó a esta región eminentemente exportadora, de forma muy dura.
No se salvó ningún país de la recesión (Japón, Taiwan, Malasia y Tailandia), o de la desaceleración (China, India y Corea del Sur). Pero la gran diferencia con la crisis anterior (1997) es que Asia ha reconstruido sus reservas agresivamente. Así ha pasado de tener 1 trillón de dólares en 1998 a 5 trillones de dólares en 2009, lo que ha aislado a la región de los efectos de la crisis desde la caída de Lehman en 2008.
Pero dentro de la región hay que resaltar el factor China como líder indiscutible. El gigante asiático se ha convertido en la fuerza económica dominante del área, desbancando a Japón. En los últimos 10 años economías netamente exportadoras como la Taiwanesa, Coreana y Japonesa, han dirigido sus tentáculos hacia China, que ha sustituido al hasta entonces principal objetivo exportador, Estados Unidos. El “sueño asiático” es básicamente el “sueño chino”.
Todo esto coloca a Asia en una situación de gran dependencia hacia la economía china. Y China afronta un gran desafío en el corto plazo, que no es otro que estimular el consumo interno. Y para ello se acoge al Plan Quinquenal (2011-16) en busca de fomentar el consumo interno. Del éxito de este plan depende sin duda no sólo la prosperidad de China, sino de toda la región, totalmente dependiente de la demanda china de productos. Ya que de occidente no parece que se pueda esperar mucho por un largo periodo de tiempo.
Sin duda la tremenda crisis de las economías occidentales y los severos planes de austeridad a los que se están viendo abocadas, obliga a que los países asiáticos se vuelquen en buscar medidas de estímulo del consumo interno, ya que el 45% que la demanda externa ha representado sobre el PIB de Asia en 2009, parece poco sostenible en los próximos años.
GERÓNIMO
“El inversor inteligente es aquel que compra al pesimista y vende al optimista.”
Benjamin Graham.