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¿Por qué una ‘start up’ vale mil millones?

Tener la capacidad para diversificar sus servicios, convertirse en líder de un mercado o disfrutar de potencial de crecimiento, son parte de los factores por los que una compañía recién creada puede llegar a valer más de mil millones de euros sin ni siquiera contar con un modelo de negocio claro.

Son pocos los internautas que no tienen un perfil creado en Twitter y se confiesen adictos a ella y, así, se ha convertido en una de las redes sociales de relevancia. Este fenómeno le ha valido la confianza de los inversores y su salida a Bolsa. Hoy, la capitalización bursátil de Twitter se eleva a varias decenas de miles de millones. En 2008, Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, quiso comprarla por 500 millones de dólares, una cifra alejadísima de la valoración actual de la compañía, pero también muy elevada para una start up que no tenía ningún ingreso en aquella época. Los fundadores de la red de microblogging rechazaron la oferta porque consideraron que no cumplían con ninguna de las 3 razones que llevan a un emprendedor a vender su empresa según uno de los fundadores de Twitter, Biz Stone, en su libro Things a little bird told me (Cosas que me ha dicho un pajarito):

  1. Está a punto de caer en el olvido o de ser aplastado por la competencia.
  2. Está cansado y sólo quiere el dinero.
  3. El potencial de la empresa, al unirse a otra compañía, es inmensamente superior al que tendría sola.

Nadie puede negar que el caso de Twitter no sea paradigmático. Nació en 2006 y aún no ha encontrado un modelo de negocio que justifique su valor en Bolsa en casi una década. No en vano, la acción ha tenido grandes altibajos desde su salida al mercado en noviembre de 2014por muchos motivos:

  1. “Un cambio de tendencia entre los usuarios que empiezan a no considerar a Twitter una red de moda; no ha sabido gestionar la publicidad como una fuente de ingresos” (Javier Megias, CEO y cofundador de Startupxplore)
  2. “La monetización de sus usuarios no está clara y no crece todo lo rápido que debería” (Iñaki Arrola, CEO de Coches.com)
  3. Conflictos internos en su cúpula directiva que comenzaron casi cuando la empresa estaba en pañales.

En todo caso, esta red social ha sido una de las que ha conseguido colarse en la lista de las billion dollar start up, mucho antes de la salida a Bolsa. ¿Por qué?

Valorar la compañía

Son varias las metodologías para valorar una empresa dependiendo de la fase en la que se encuentre la compañía. Es complicado valorar un prototipo o una compañía sin apenas clientes, por lo que normalmente se llega a un acuerdo tácito con fuerte influencia geográfica. Si la empresa ya cuenta con métricas (recurrencia, número de usuarios, pagos, etc.) se puede comparar con otras start up parecidas. Otro modelo se fija en relación a los gastos que tiene que hacer frente una empresa para llegar al siguiente nivel de valor. En resumen, los emprendedores valoran sus compañías sobre la base de proyecciones financieras y métricas de comparación.

Pero no hay un método suficientemente probado útil para valorar empresas con rápido crecimiento y millones de clientes, ya sean reales o potenciales, como sucede en Internet, especialmente en casos que no tienen aún un modelo de ingresos probado. A pesar de esto, a menudo encontramos start up sin fuente de ingresos que valen miles de millones de euros. Esto es gracias a su capacidad para generar seguidores, un público fiel que posibilita dibujar un futuro prometedor para esa compañía cuando consiga el modelo de negocio apropiado.

En estos casos, el valor depende del tráfico que generen. El inversor considera importante que exista una gran masa de gente conocedora de la plataforma y que se convierta en un bien necesario para el público. Algo parecido a lo que ocurre en el fútbol con equipos deficitarios donde los ingresos de la venta de entradas no son suficientes para pagar las nóminas millonarias de los jugadores. Y sin embargo, gracias a los millones de seguidores, viven de otros negocios inducidos al calor del interés del público. Se trata, pues, de apostar por compañías que logren atraer a millones de usuarios y esperar que encuentren la forma de cobrar a esos usuarios.

La valoración de una compañía de reciente creación no es sencillo porque muchos utilizan esta medida como una métrica de ego. Emocionarse con la valoración de la empresa tienes dos problemas:

  • Dejas de ser atractivo para nuevos inversores
  • Comienzas a engordar un valor del que luego hay que rendir cuentas con los que financiaron rondas anteriores.

Sobrevalorar la compañía con suposiciones erróneas puedes llevarla al cierre, lo que, en la mayoría de los casos, perjudicará a su promotor puesto que, casi siempre, los inversores firman cláusulas de protección para garantizarse el retorno de su inversión e, incluso, una plusvalía a pesar del lamentable destino de la empresa.

No se trata tanto de que la valoración sea la correcta como de que sea la que se sitúe dentro de los parámetros de los inversores. Aquellos que financiarán la compañía en función de extrapolaciones que construirán gracias al potencial a futuro de la compañía, el número de usuarios, su fidelidad y la capacidad que tenga esa empresa para generar negocios asociado y para convertirse en el referente de su sector. Eso fue lo que pasó en su día con Facebook y, puesto que su negocio no se basa únicamente en la publicidad, ha adquirido también empresas y cuenta con una de las mayores bases de datos del mundo que, incluso, ahora es competencia de Google, pues ha sabido dar en la diana de la monetización, por lo que sus primeros inversores están más que felices.

Distorsión

La mayoría de los financiadores tienen un bagaje que les permite medir y analizar el potencial que tienen las start up cuando acuden a una ronda de financiación. Pero también los hay no profesionales que, siguiendo la moda del mundo start up, invierten en empresas recién creadas con valoraciones desproporcionadas y sin condiciones y esto distorsiona el mercado. Los expertos recomiendan conocer al fundador de la start up e informarse sobre el modelo de negocio potencial y sobre el capital invertido hasta el momento para decidir qué movimiento más adecuado. Es algo parecido a una due diligence. Sin realizar este ejercicio previo, se puede perder mucho dinero ya que cualquier inversión reporta un riesgo, incluso a pesar de las cláusulas impuestas al emprendedor. Invertir en una start up sin modelo de negocio es invertir a futuro.

 

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